Como dijimos en el anterior post y ampliamos ahora, la educación emocional se propone desarrollar la competencia emocional. Ésta engloba:
- Conciencia emocional
- Regulación emocional
- Autogestión
- Inteligencia interpersonal
- Habilidades de vida y bienestar
En esta ocasión vamos a hablar del primer paso dentro del desarrollo de esta competencia: la conciencia emocional.
¿Qué implica?
La conciencia emocional consiste en reconocer, identificar y comprender las emociones, pudiendo, a posteriori, etiquetarlas.
¿Qué entendemos por emoción?
La emoción se refiere a un estado complejo y caracterizado por la excitación o perturbación que se predisponen a una respuesta organizada. Se puede generar en motivo a un estado interno o externo, es decir, tanto por algo que sentimos en nuestro propio cuerpo como por algo del entorno que nos hace sentir de una forma determinada.
Por ejemplo:
Un niño que tiene hambre puede sentirse molesto, irritado y/o nervioso. (motivo interno)
Un niño que se asusta por un ruido fuerte y rompe a llorar. (motivo externo)
Las emociones tienen, a su vez, diferentes dimensiones. Éstas son:
- Neurofisiológica (respuestas involuntarias automáticas)
- Comportamental (reacciones visibles que con entrenamiento se pueden controlar)
- Cognitiva (conciencia de la emoción y etiquetado)
¿Cómo favorecer la conciencia emocional?
Los niños necesitan almacenar un vocabulario rico y extenso para tener la oportunidad de reconocer y nombrar las diferentes emociones que van sintiendo. Sin embargo, debemos de tener en cuenta que el vocabulario se va adquiriendo de forma progresiva y que, como adultos, nuestro deber es estimular esta adquisición. De este modo, les transmitiremos las palabras que desginan las diferentes emociones empezando por aquellas más básicas como la felicidad, la tristeza y el enfado, para ir después ampliando, poco a poco, el repertorio emocional disponible.
ACTIVIDAD
El termómetro emocional
"¿Cómo me siento hoy?" Esta es una pregunta que debemos hacernos cada día para valorar nuestro estado emocional y, al mismo tiempo, nuestro estado físico. Es importante que entendamos que nuestras emociones van a influenciar en nuestros niveles de energía y, por lo tanto, condicionarán momentos más o menos óptimos para hacer diferentes actividades.
Por ejemplo, ¿verdad que si estamos tristes no nos apetece ponernos a bailar?
Gracias al termómetro emocional averiguaremos cual es nuestro estado de ánimo y adaptaremos las actividades del día en función del estado energético que lo acompaña.
Podemos crear nuestro propio termómetro emocional para tenerlo enganchado en una de las paredes de la habitación, en la nevera o en el armario. Para que sea más significativo, os recomiendo que las diferentes emociones las plasméis con fotografías de ellos mismos expresando con la cara el estado de esa emoción.
En los links que os pongo a continuación podréis encontrar algunos ejemplos:
http://catedu.es/arasaac/zona_descargas/materiales/752/Termometro_de_emociones.pdf
http://i1.wp.com/aulautista.files.wordpress.com/2008/11/termometro-emociones1.jpg
http://hormigasinformaticas.blogspot.com.es/2014/02/termometro-de-las-emociones.html
La actividad la podemos realizar a partir de las siguientes preguntas:
- ¿Cómo te sientes?
- ¿Por qué crees que te sientes así?
- ¿Te gusta sentirte así?
- ¿Podemos hacer algo para que te sientas mejor? (en el caso de que la emoción produzca malestar)
Y a continuación podemos dejar constancia de esa emoción, por ejemplo, colocando una pegatina con un dibujo de una cara que refleje dicha emoción en un calendario (de este modo también será posible llevar un seguimiento y al final de cada mes valorar si en general se han tenido emociones positivas o emociones que generaban malestar).
(Imagen del cuento "El monstre de colors", 2012. Llenas, A. 2012.)
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